

Un centro a la Pachamama, los créditos de carbono
Matías C. E. Torres

La cuestión es bastante simple, se trata de implantar especies arbóreas nativas con el fin de fijar carbono, para luego vender ese carbono “fijado”, en forma de bono o crédito, a empresas les es útil y que están dispuestas a pagar por esos bonos. Todo en un mercado que, merced a la tecnología, es cada vez más claro y previsible.
Sin embargo, hay más, también mediante este tipo de inversiones se puede certificar la producción como “commoditie con valor ambiental”, el resultado, 5% más del valor del producto, algo analógico sucede con la soja sustentable, pero en este caso con una acción de regeneración.
En definitiva, hablamos directamente de un beneficio económico duro, más dinero por la misma producción, sea por la venta de los bonos o créditos de carbono a un tercero que los necesite, o por la certificación de buena práctica agrícola de la propia producción. Pero con la gran noticia, que este beneficio económico se genera devolviendo a la tierra un poco de todo lo que nos dio.
Sin dudas estamos ante un modelo negocio, esto no deja de ser un gran negocio, que mira al futuro, y que se hace cargo de la huella que deja la enorme tarea de alimentar al mundo.




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