

¿Pero al final que hora es?!
Matías C. E. Torres
En Argentina, la hora nunca es solo la hora. Lo explicó Diego Golombek con la simpleza de siempre: “La pregunta es muy básica, ¿qué hora es? Y bueno, la respuesta, como siempre le preguntas a un científico, es depende”. Cuando el reloj marca las 12, el sol ya pasó de largo. Y ahí empieza el desfasaje entre lo natural, lo cultural y lo político.
Nuestro país debería estar en UTC -4, el huso que corresponde por posición geográfica. Sin embargo, desde hace décadas nos quedamos en UTC -3, un horario adelantado que complica la relación entre la luz natural y nuestros relojes biológicos.
El asunto no es nuevo: en los años 30 y 40 se ensayó el famoso horario de verano con la idea de ahorrar energía. Más tarde se abandonó porque el ahorro era mínimo y el cambio constante volvía locos a todos. Golombek lo resume clarito: “Esa luz a la mañana es la nafta del reloj biológico. Lo pone en hora, le dice tenés un día por delante, ganá energía, mejora el estado de ánimo, estate más alerta”.
En paralelo, la discusión llegó al Congreso. Hace apenas unos días, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto de ley impulsado por Julio Cobos para modificar el huso horario. La iniciativa propone retrasar una hora todos los relojes del país durante el invierno, pasando de UTC -3 a UTC -4. El proyecto fue aprobado con 151 votos a favor, 66 en contra y 8 abstenciones.
De convertirse en ley, el nuevo esquema regirá con UTC -4 en invierno y permitirá volver a UTC -3 en verano, a partir del primer domingo de abril y de septiembre respectivamente. La propuesta busca alinear la vida diaria con el sol, mejorar el rendimiento escolar, favorecer el descanso y hasta ahorrar energía.
Pero no todo es ciencia y eficiencia energética. Golombek advierte: “Argentina en particular es un país muy nocturno, muy noctámbulo. Cenamos muy tarde, nos vamos a dormir muy tarde, el prime time de la tele es muy tarde. Entonces, robar esa hora de luz a la gente le gusta mucho menos”.
La discusión sigue abierta: ¿queremos más luz a la mañana para arrancar mejor el día, o preferimos sostener esa “hora argentina” que se hizo parte de nuestra identidad cultural? Quizás, como dice Golombek, la pregunta más básica siga siendo la más complicada: “¿Qué hora es?”.



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