Farmear aura, es más viejo que la escarapela

Por Jéssica Imaz; Lic en periodismo, Locutora nacional MN 10075.
LA COLUMNA DEL DOMINGO06 de septiembre de 2026Jessica M. ImazJessica M. Imaz
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Nos burlamos porque farmean aura.

Pero los pibes de todo el país, de golpe, salieron a las plazas. Se adueñaron del espacio público. Construyeron comunidad. La pantalla los convocó, pero después salieron a encontrarse. 

Y la mirada, la mirada quedó ahí, justo en los ojos del otro.

Se abrió el debate. Todos los adultos opinando. Algunos sumándose. Se oyeron voces críticas, pero también de las otras.

Y para los detractores que dirán que lo hacen para filmarse y subirlo a las redes sociales, sí, ya lo sabemos. Conocemos esa lógica simple de internet donde, si algo genera vistas, genera dinero.

Hoy le llaman tirar aura y hacen competencias, desafíos, encuentros. Pero es una práctica de toda la vida. Todos lo hacemos continuamente, en cada momento de nuestras vidas.

Derrochamos aura. Nos encanta, nos identifica, nos individualiza y también nos une. Como los rosenses después de la tormenta de granizo. La solidaridad, la empatía, las ganas de ayudar al otro que la está pasando mal. Eso también es aura.

Messi al anunciar su retiro de la Selección y el hueco que deja en cada uno de los que disfrutamos verlo dominar la redonda. Debe ser parecido al mismo aura que tenía el Diego cuando entraba en un estadio y que se apagó cuando anunció su retiro.

El aura de los argentinos por la causa Malvinas, que trasciende a los gobiernos y forma parte de una identidad colectiva, aunque sea muy complejo entender las cuestiones de fondo. “Las Malvinas son argentinas”, escrito en una sábana de hotel. Eso también es aura.

Si lo pensamos de esta forma, todos nos pasamos la vida farmeando aura. Pero los pibes le pusieron un nombre, un objetivo, un puntaje, una fecha y un lugar.

Porque nosotros, los que ya vamos ocultando algunas canas, cuando éramos adolescentes tirábamos facha. Pinta. Sabíamos quiénes se llevaban las miradas cuando daban la vuelta en el boliche, cuando caminaban por el centro. En el colegio siempre había un profe que llenaba el salón con su presencia. Aura. Antes era ser copado o tener un "nosequé". Nuestro cantante preferido también. Nuestros ídolos. Todos con una imagen pulida hasta el mínimo detalle.

Cuando nuestra abuela nos decía: “Estás rozagante”. Eso era el aura de los 90. El brillo en los ojos, la sonrisa amplia, el pelo en su lugar, el perfume recién puesto, la ropa nueva, el alma festiva, alegre y liviana.

No necesitábamos un puntaje. No necesitábamos una transmisión en vivo. Pero necesitábamos lo mismo.

Que alguien nos mirara.

Entonces, ¿por qué genera tanta crítica esto que hacen los adolescentes ahora? Si solamente le pusieron un nombre a un ejercicio que es más viejo que la misma escarapela.

Lo que antes llamábamos presencia, pinta, facha, magnetismo, admiración o simplemente “esa persona tiene algo”, hoy se llama aura.

Y quizás ahí esté la gracia.

Nosotros nos reímos porque los vemos haciendo explícito algo que nosotros aprendimos a hacer sin ponerle nombre.

Ellos salen a una plaza para conseguir miradas. Nosotros salíamos a la calle para conseguirlas. Ellos lo filman. Nosotros lo contábamos al día siguiente. Ellos le ponen puntaje. Nosotros teníamos amigos que nos decían quién había entrado al boliche y se había llevado todas las miradas.

Cambian las palabras. Cambian las plataformas. Cambian las formas. Pero la necesidad de ser vistos no parece haber cambiado demasiado.

Quizás los pibes no inventaron el aura. Inventaron la palabra.

Y cuando los miramos desde afuera, convencidos de que estamos viendo algo nuevo, quizás el espejo nos devuelve otra cosa.

Nos devuelve a nosotros.

Y, peor todavía, nos devuelve a ellos.

Porque ellos son nosotros, pero con otras palabras.

Y quizás por eso nos incomodan tanto.

Porque mientras nos reímos de cómo farmean aura, en el fondo estamos viendo una versión actualizada de algo que llevamos toda la vida haciendo.

Solo que ahora tiene nombre. Tiene puntaje. Y tiene una plaza con adolescentes mirándose cara a cara.

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