

Lo que pasó después de la pausa de hidratación


Se terminó el Mundial. De golpe volvimos a saber qué día es. Los grupos de WhatsApp dejaron de discutir formaciones y empezaron otra vez con los audios del trabajo. Ya no hay partidos a cualquier hora ni excusas para juntarse un martes a las cuatro de la tarde.
El Día del Amigo, pobre, pasó casi desapercibido. Le tocó competir con el regreso de la Selección. Un domingo gris, con llovizna y frío, pero con miles de personas en la calle esperando a un equipo que volvió con una medalla de plata.
Y eso, más allá del resultado, dice bastante de nosotros.
Porque hay países donde solamente se recibe al campeón. Acá también sabemos agradecer al que dejó todo. Hay victorias —y derrotas— que las juegan once, pero las sienten millones.
El Mundial también dejó sus coletazos. Nicolás Otamendi anunció que su historia con la Selección llegó al final. Las redes volvieron a llenarse de denuncias por supuestos episodios de racismo y xenofobia, mientras otros cuestionaban la falta de pruebas. Y, como suele pasar cada vez que Argentina gana o pierde, reapareció esa vieja teoría de que "el mundo nos odia". Curioso... casi siempre descubrimos ese odio mirando las redes sociales.
Aunque hay algunos que todavía no pudieron volver del todo a la rutina. Pregunten en Pujato. Si encuentran a Lionel Scaloni, avisen. Porque entre vecinos, turistas y fanáticos que siguen peregrinando le tuvieron que poner una valla en la puerta de la casa. Si esto sigue así, en cualquier momento el municipio va a tener que cobrar entrada.
Pero para el resto... el lunes volvió la programación habitual.
Otra vez hablamos del dólar, que volvió a coquetear con los 1.800 pesos. Otra vez hablamos de las cuentas de todos los meses y de ese nuevo deporte nacional que consiste en organizar una cena con amigos sin que nadie tenga que hipotecar el aguinaldo para pagar la picada.
Otra vez hablamos de salud. El sarampión, una enfermedad que parecía archivada en los libros de historia, volvió a encender las alarmas con casos importados. Los especialistas son unánimes: revisar el calendario de vacunación y vacunarse.
Y otra vez hablamos del tiempo. Mientras el sur amanecía cubierto de nieve y soportaba temperaturas extremas, en el litoral siguen limpiando canales y preparando desagües ante la posible llegada de un nuevo episodio de El Niño.
Y una última cosa que nos dejó este Mundial.
La FIFA estrenó un show de medio tiempo de diesiciete minutos. Habrá quienes lo amen y quienes lo odien. Yo sigo prefiriendo esos quince minutos donde la televisión mostraba un banco de suplentes, un técnico acomodando las piezas y un vestuario intentando cambiar una historia. Porque, al menos para mí, el espectáculo siempre estuvo adentro de la cancha.
Qué meses raros fueron junio y julio.
Durante casi cincuenta días vivimos una enorme pausa de hidratación. Bajamos un cambio. Discutimos de fútbol. Nos abrazamos con desconocidos. Durante un rato dejamos al resto de las preocupaciones sentadas en el banco de suplentes.
El domingo sonó el silbato.
No terminó un partido.
Terminó el recreo.
Y, como siempre... la realidad ya nos estaba esperando.






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