

Cien años de aulas, recuerdos y reencuentros en Montes de Oca
Matías C. E. Torres

Hubo abrazos entre antiguos compañeros, docentes que volvieron a encontrarse con sus alumnos y familias que recorrieron espacios cargados de recuerdos. El edificio de la Escuela Fiscal N.º 264 cumplió cien años y Montes de Oca lo celebró como una historia compartida. La convocatoria reunió a alumnos, exalumnos, educadores, familias y vecinos en un acto emotivo y multitudinario. Después, el almuerzo prolongó las conversaciones y los reencuentros de una jornada que muchos esperaban desde hacía tiempo.
Para la directora Anabel Martinotto, la celebración tuvo una dimensión íntima: "Esta es mi escuela, es mi casa, en verdad", dijo. Contó que empezó a recorrerla a los tres años y que su vínculo con la institución atraviesa cinco generaciones de su familia: desde su abuela, de 99 años y perteneciente a las primeras promociones, hasta una sobrina nieta que hoy es alumna. También recordó a quienes comenzaron a preparar este aniversario años atrás y agradeció el trabajo colectivo que hizo posible el festejo, "yo soy la cara visible y la voz cantante de esta escuela, pero al lado mío hay 149 personas seguramente trabajando", expresó.
Martinotto relató que algunos exalumnos se emocionaron apenas volvieron a entrar al patio y descubrieron cuánto había cambiado la escuela desde su infancia. Esa mezcla de memoria y presente recorrió toda la celebración: volver para reconocer el lugar propio y, al mismo tiempo, ver cómo siguió creciendo.
El presidente comunal, Emanuel Sagripanti, eligió recordar a Mabel, su maestra, que se quedaba después de hora para ayudarlo a terminar de escribir. A través de ella homenajeó a las docentes y a los equipos directivos que dieron vida al edificio durante un siglo, "lo que tenemos que celebrar cuando celebramos los símbolos, cuando celebramos la historia, es que se nos hizo carne a nosotros, que esa historia es parte de nuestra construcción colectiva", sostuvo. Y resumió el sentido de la jornada con una frase: "Es una fecha institucional, pero es un cumpleaños de la comunidad toda".
La delegada de la Región V de Educación, Marisa Príncipe, también se conmovió con la respuesta de los presentes. Contó que durante el acto preguntó quiénes habían asistido a esa escuela y vio levantarse las manos de todos. "Yo siempre digo que en la escuela uno conoce los amigos que van a ser para toda la vida", señaló, al destacar el lugar que la primaria ocupa en la historia de cada persona. Felicitó a los directivos, docentes, cooperadora y colaboradores por un festejo que definió como "muy conmovido, muy emocionante".
El senador Pablo Verdecchia puso la mirada en quienes, un siglo atrás, imaginaron un edificio propio para la educación de Montes de Oca. "¿Y qué hizo la comunidad monteoquina? Pensó en el edificio propio para la escuela como centro", recordó. Para el legislador, el centenario invita a recuperar aquella decisión de considerar la educación como base del crecimiento personal y colectivo. También evocó sus visitas de niño a Montes de Oca y la curiosidad que le despertaba la construcción cada vez que la veía desde afuera: décadas después, pudo conocerla por dentro y acompañar la celebración de sus cien años.
El presidente de la Asociación Cooperadora, Pablo Cacciabúe, habló con orgullo de la tarea que les tocó asumir, "por cuestiones de la vida, somos hoy los que nos toca ser la Cooperadora del Centenario, pero no podemos dejar de reconocer y agradecer a todas las personas que colaboraron y estuvieron siempre para esta institución", afirmó. Su reconocimiento alcanzó tanto a quienes organizaron el acto como a las generaciones de cooperadores que sostuvieron la escuela antes de esta fecha.
El aniversario también dejó obras para los alumnos de hoy. Durante la jornada se inauguró una nueva aula del programa Mil Aulas, mientras avanza la recuperación de la biblioteca para convertirla en un espacio que integre libros y recursos multimedia. Príncipe destacó que cuidar la infraestructura significa ofrecer a los chicos un ambiente cómodo para aprender. Sagripanti señaló que el desafío de los próximos años será mantener la escuela habitada, fortalecer el encuentro entre alumnos y docentes e incorporar la tecnología sin perder el valor humano de la enseñanza.
Cuando terminó el acto, la celebración siguió alrededor de las mesas. Allí, entre recuerdos que volvían a contarse y personas que se reencontraban después de años, el centenario cobró su sentido más cercano. El edificio cumple cien años; la comunidad que lo llenó este sábado mostró que su historia sigue viva.





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