
Cosechadoras eléctricas, si Rotania los viera

El desarrollo de cosechadoras eléctricas ya dejó de ser una idea futurista para convertirse en una competencia concreta entre las grandes marcas del mundo. Empresas como John Deere y el grupo CNH Industrial vienen avanzando en la electrificación, la digitalización y la autonomía como ejes centrales de la maquinaria del futuro, con inversiones millonarias y una clara apuesta a sistemas más eficientes y sustentables.

La tendencia es clara: menos consumo, más tecnología y máquinas cada vez más inteligentes. La electrificación no aparece sola, sino acompañada de automatización, agricultura de precisión y conectividad, en un proceso que redefine por completo el concepto de cosechadora. No se trata solo de cambiar el motor, sino de transformar el sistema productivo completo, en línea con una agricultura cada vez más tecnológica.
Pero mientras el mundo discute el futuro, Argentina enfrenta un presente incómodo. El país en que se diseñó la cosechadora tal como hoy la conocemos —con figuras históricas como Rotania— hoy tiene apenas un puñado de fabricantes activos, y en condiciones extremadamente frágiles. La industria nacional, que alguna vez fue protagonista, quedó reducida a dos empresas con serias dificultades financieras, prácticamente fuera de la carrera global.

La paradoja es tan evidente como preocupante: en medio de una cosecha récord y un agro que empuja como nunca, el país pierde terreno en el desarrollo de la maquinaria que sostiene ese mismo sistema productivo. Mientras afuera se discute cómo será la cosechadora del futuro, en Argentina el desafío parece ser mucho más básico: no quedarse definitivamente fuera del juego.



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