De la chacra al pan dulce: la historia detrás de las frutas abrillantadas

Desde el mamón misionero hasta las fábricas panaderas del país, el recorrido de las frutas abrillantadas que le dan color, brillo y sabor al pan dulce navideño, según reconstruyó Bichos de Campo.

Agro27 de diciembre de 2025 Con información de BICHOS DE CAMPO
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Con información del portal BICHOS DE CAMPO.

En cada pan dulce que se sirve en las mesas argentinas en estas fiestas, hay un protagonista silencioso que llama la atención: esas frutas brillantes, jugosas y coloridas que le dan identidad al clásico navideño. Pero, ¿de dónde vienen realmente? Lejos de ser un misterio lunar, como podría pensar un niño, su origen está en el Alto Uruguay misionero, específicamente en Colonia Aurora.

Allí, la Cooperativa Alto Uruguay Limitada (CAUL) se transformó en un actor clave de la agroindustria regional al agregar valor a la producción local de frutas abrillantadas, un ingrediente esencial para la industria panadera durante las fiestas.

El cultivo y la materia prima: mamón misionero
La historia de estas frutas comienza en los campos misioneros, donde se cultiva mamón –una variedad tropical de papaya– que encuentra en Misiones las condiciones ideales de clima y suelo. Aunque no es un fruto que se consuma habitualmente fresco, el mamón se vuelve esencial cuando se transforma en frutas abrillantadas.

Los productores asociados a la CAUL trabajan con variedades híbridas de alto rendimiento, con plantines que salen del vivero cooperativo y se cosechan aún verdes. Luego son trasladados a piletones con salmuera, donde permanecen más de 30 días iniciando el proceso de encurtido que dará firmeza y textura.

De verde a brillante: el proceso industrial
Una vez que la fruta sale del tratamiento de salmuera, comienza la transformación que la convertirá en pieza central del pan dulce:

  • Lavado y cubeteado de la materia prima.
  • Autoclave y ósmosis inversa para eliminar la sal.
  • Incorporación de jarabe de glucosa y colorantes, que aportan no solo dulzor sino ese característico brillo y colorido que todos reconocemos.
  • Envasado y despacho a las fábricas panaderas nacionales.
  • Este proceso, además de aportar sabor y estética, convierte a la fruta abrillantada en un ingrediente estable y durable para la industria alimentaria.

 
Un insumo con alcance nacional
Según datos de la cooperativa, Colonia Aurora abastece cerca del 40 % del mercado argentino de frutas abrillantadas, con despachos regulares hacia provincias como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, especialmente en las semanas cercanas a las fiestas.

Más allá del uso panadero, parte del mamón procesado también se destina a otros sectores alimentarios, donde sirve para dar consistencia a mermeladas y otros productos dulces.

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Desafíos y expectativas
La producción de este año se vio afectada por heladas y condiciones climáticas adversas, reduciendo el volumen de mamón disponible. A pesar de esto, la CAUL procesó más de 300 mil kilos de fruta, y proyecta recuperar y ampliar su capacidad en 2026.

¿Por qué importa la fruta abrillantada?
Más allá de ser un simple adorno, las frutas abrillantadas representan un vínculo entre la producción agroindustrial regional y el consumo festivo nacional. Su presencia en el pan dulce es también un recordatorio del trabajo de pequeños productores y cooperativas que, desde el interior de Misiones, llevan su producción a las grandes mesas del país.

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